La industria editorial
El romántico mito del editor de libros
Corina, de Urzula Barba Hopfner, ha tocado nuestro corazón como lectores, pero sobre todo, como editores. Esta película, ambientada en la ciudad de Guadalajara, nos ofrece un vistazo nostálgico al mundo editorial del año 2000. Desde nuestra trinchera como editores independientes, Corina nos invita a reflexionar sobre el trabajo muchas veces oculto detrás del velo de un libro publicado, un proceso que la cultura popular se ha encargado de romantizar en películas, series y libros que le clavan al voraz lector la espina de querer formar parte de este mundo.. Pero, ¿qué hace realmente un editor? ¿Por qué en tantas historias es villano y en otras ni siquiera figura?
“Los autores son la piedra angular de la literatura, pero en la escala social de los que escriben también hay niveles. Y Corina está relegada al peldaño más bajo.”
La protagonista desciende día con día hasta el último piso del edificio donde trabaja, refugiándose en esa oficina oscura y solitaria debido a su personalidad callada e introspectiva. La mazmorra menos glamurosa dentro del palacio que constituye la mítica figura del editor, ¿cierto?
Corina es correctora de estilo, uno de los muchos oficios dentro de la edición que rara vez vemos en pantalla. Su trabajo está acompañado de momentos de inspiración, pero también de mucha frustración. Días en los que la mayor satisfacción creativa que tiene es hacerle correcciones de estilo a su realidad.
El trabajo del editor es un arte, un oficio y un negocio que también cansa. La resistencia que oponemos a su romantización no pretende plasmarlo en un trabajo imposible, sino en una búsqueda de equilibrio que acerque a todo amante de los libros a un panorama completo que le permita valorar el detrás de cámaras de aquellos compañeros de horas apacibles y tramas intrincadas que tanto nos emocionan.

El libro no es una one man band
Uno de los mitos que acompañan al trabajo editorial es que se trata de un acto solitario, como la lectura o la escritura. Necesitamos pensar en el libro como el resultado de un proyecto colaborativo en absolutamente todas las etapas que le atraviesan antes de llegar a nuestras manos.
La realidad es que no existe un hombre orquesta, tocando todos los instrumentos simultáneamente para llevar la melodía del autor a nuestro librero. Es cierto –y más común de lo que nos gustaría admitir– que en el trabajo editorial el multitasking es pan de cada día, pero generalmente, en la edición y producción de un libro intervienen correctores de estilo, diseñadores, impresores, encuadernadores y una amplia gama de profesionales a disposición del libro dependiendo de sus necesidades particulares.
Como editores independientes, cada uno de los miembros del equipo hemos llegado a priorizar un punto clave que no podemos perder de vista en ningún momento: el lector y el ser lector.
“Hablamos de libertad creativa y de la integridad autoral, de lo difícil que es insertar una voluntad creativa en una dinámica de mercado de conformidad y aquiescencia de las necesidades de un público de masas y por ende a las intenciones capitalistas del sello editorial”
El poder e influencia casi mágica (y tiránica) de la figura del editor que propuso Adolfo Castañón en su ensayo de 1992, no es precisamente un diálogo con el autor . Hacer libros es mantener una conversación interminable y avivar el fuego continuamente para que el trabajo colaborativo, en su forma final, pueda perdurar en otras voces, en otros lectores. El panorama actual, los intereses mediáticos y económicos, hacen cada vez más difícil resistir la destrucción de esa libertad creativa e integridad de la que habla Corina, no solo para el autor, sino para todos aquellos que trabajan de sol a sol por llevar su texto al mundo.
¿Cómo escapar del yugo de la industria editorial desde nuestro lugar de dignas sombras? ¿Es posible mantener la empatía, la colaboración y el arte en el delicado oficio de la edición?

“Una vez que el lápiz rojo comienza a manchar el papel, parar es imposible. Como la sangre una vez desatada la guerra.”
Si bien Corina es parte de la industria editorial, también es una lectora voraz. Su colección de libros y el amor por las novelas de Xareni Silverman son la piedra de toque que la hacen tomar el lápiz rojo y revivir a los muertos. Vencer sus miedos desde adentro, encontrando un final feliz para una historia tan trágica, que llegue a sus lectores y conozca el mundo más allá de las dos cuadras que rodean su casa.
En palabras de la editora Andrea Palet, el editor no puede perder de vista “el bien social que significa editar y publicar, y que cada texto pide una envoltura, un tono y un formato específico”. Al igual que Corina, necesitamos perseguir el oficio de la edición desde la resistencia. Desde el reconocer la creatividad que rodea nuestro trabajo sin ensalzar o demeritar sus tareas, y sobre todo, desde la ilusión que nos llevó a visitar, encontrar y compartir otros mundos: la lectura.
El pesimismo y el derecho a la esperanza
“¿Es posible cambiar el final? ¿Puede un lápiz rojo revivir a los muertos?”
El final original de Silverman es brutal, trágico, cargado de violencia y marcado por la muerte. Carece por completo de esa chispa de esperanza que los lectores encuentran en sus novelas. Un final bastante cercano a muchas de las narrativas presentes en la literatura contemporánea. ¿No es ese el mismo desencanto que domina el tono de algunas de nuestras lecturas?
Mucho se ha dicho sobre la violencia como un tema recurrente en la literatura latinoamericana. Como señala Horacio Castellanos Moya, los escritores son hijos de su historia, no es de extrañar que persista un permanente desarreglo interno en la literatura, siempre definido por la violencia. Las narrativas contemporáneas visibilizan la ferocidad y el dolor desde la sensibilidad literaria, pero con frecuencia se acercan a una sobreexposición, cada vez más trágica, cada vez más lejos de un final feliz.
Más allá del peso de la memoria colectiva, la violencia temática parece haberse convertido en un “un abrevadero, un pozo del que se extrae agua para las ficciones”. ¿Es posible imaginar otras formas de narrar sin salar la herida? ¿Qué efecto tiene en nosotros, como lectores, habitar historias donde los finales siempre son trágicos?

“...está de moda, siento, ser pesimista. Y usted nunca lo es. Eso es lo que es diferente de lo que escribe. Es importante que la gente crea.”
Dos tendencias de la literatura sci-fi, el hopepunk y el grimdark, pueden ayudarnos a repensar el impacto de las lecturas que consumimos. El pesimismo ontológico define el escenario grimdark, estas narrativas distópicas se caracterizan por una visión negativa en la que toda chispa de esperanza está condenada al fracaso.
El hopepunk reivindica el derecho a imaginar algo mejor. Desde un escenario tan oscuro como el del grimdark, esta tendencia propone la esperanza como un motor narrativo para hacerle frente a la hostilidad que abunda en el realismo. En palabras de Layla Martinez, el hopepunk nos recuerda que si la ficción se repite desde un enfoque opresor y derrotista, será imposible ver un atisbo de esperanza en las historias que, como a Corina, no ayudan a tolerar el mundo.
Encontrar el hopepunk en el grimdark
El hopepunk, lejos de la utopía ingenua y el bovarismo, no pretende vendernos la idea de un final feliz que eventualmente saldrá de nuestras novelas favoritas para cambiar el mundo. Después de todo, en el mundo real, la violencia no termina cuando marcamos un punto final con lápiz rojo. El concepto, acuñado por Alexandra Rowland, no pretende hacernos creer en un final feliz, busca recordarnos que no hay final, las luchas continúan y necesitamos narrativas que nos permitan imaginar futuros por los que valga la pena vivir el presente.
Necesitamos hacer frente a la realidad y a la violencia del mundo, pero también que las historias que consumimos mantengan viva la esperanza que nos salva del pesimismo ontológico. ¿Cómo encontrar el hopepunk en lo grimdark?

“Hay que aprender a lidiar con la incomodidad de los finales que no son felices y hay que aprender a sobrevivir ahí también. No tengo ganas de un final feliz, no tengo humor para ese final feliz. ”
Hay que “encontrar otros cauces para enriquecer la ficción”. ¿Cómo salir del círculo vicioso de la violencia?
Corina está buscando la esperanza y la valentía en su propia vida. El personaje de Silverman al que intenta escribirle otro final, tampoco se ha atrevido a ir más lejos. La lectora y la protagonista toman un riesgo, deciden salir en busca de la esperanza sin ignorar el desasosiego y la incomodidad del presente. Proponer un final esperanzador, como el de Corina, es seguir con el problema.
“Importa qué pensamientos piensan pensamientos. Importa qué conocimientos conocen conocimientos. Importa qué relaciones relacionan relaciones. Importa qué mundos mundializan mundos. Importa qué historias cuentan historias” Donna Haraway
En un mundo de horror, de frivolidad e indiferencia… tenemos que seguir con el problema
Seguir con el problema, en palabras de Donna Haraway, es aceptar que no podemos escapar de este presente cargado de aflicción y desesperanza. La historia está inacabada, la vida sigue su curso.
En el final de Corina, la protagonista de Silverman recupera su agencia para pensar en otro final para sí misma, Corina comienza a reescribir su propia historia. La forma en la que afrontamos el presente está fuertemente condicionada por los productos culturales que consumimos, por nuestras lecturas. Si nos acercamos a narrativas que nos ayuden a imaginar un futuro por el que valga la pena vivir el presente, como Corina, también nos permitimos momentos de valentía.

Bibliografía
Castañon, A. (1992) El mito del editor. Revista Vuelta, Núm.187
Palet, A. (2015) Brevísimo manual para jóvenes editores. Crash México. https://crashmexico.wordpress.com/2015/12/22/brevisimo-manual-para-jovenes-editores/
Barba Hopfner, U. (Directora). (2024). Corina (Película) Mandarina Cine. Cobra Films
Castellanos Moya, H. (2012) Violencia y ficción en Latinoamérica: ¿círculo vicioso o marca de Caín? Recuperado de: https://www.plazapublica.com.gt/content/violencia-y-ficcion-en-latinoamerica-circulo-vicioso-o-marca-de-cain
Haraway, D. (2019) Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno. Editorial Consonni.
Martínez, L. (2020) Utopía no es una isla. Catálogo de mundos mejores. Editorial EPISKAIA
Zaliwska, Z. (2018) Troubling Hope: Performing Inventive Connections in Dsicomforting Times. Ontario Institute for Studies in Education, University of Toronto, Toronto Canada.
Rucavado, M. (2023). La realidad y la realidad. Revista Luthor, núm.55 (pp.17-25)
Rowland, A. (2019) Un átomo de justicia, una molécula de misericordia y el imperio de los cuchillos desenvainados. Revista Stellar Beacon. Recuperado de: https://festive.ninja/one-atom-of-justice-one-molecule-of-mercy-and-the-empire-of-unsheathed-knives-alexandra-rowland/

